lunes, 20 de enero de 2014

el duelo...

Quisiera... 
Quisiera...


Sé poco de la vida, y de ese poco entiendo algo: Dios es bueno y bueno en gran manera


Generalmente soy mejor escribiendo que hablando, pero hoy no me salen las palabras ni siquiera por los dedos.



Será más que extrañar, es casi como si mi propia sangre se hubiese ido, no tanto como cuando mamá tomó las manos de su Amado, pero algo parecido.


Llorar, sí, es bueno, y lloré al recordar sus palabras y caricias de abuela, al pensar en la emoción de sus ojos cuando le enseñé el anillo… Hay palabras que se lleva el viento, y hay palabras que atrapadas, flotan en lo más profundo del corazón, así son sus palabras, por siempre navegando en el mar de mis recuerdos más preciados.


“Siempre recuerda que eres como la reina Ester”


“Eres como una princesa atrapada en la torre, esperando a su príncipe, y por fin llegó un valiente que viene por ti”

No sé si en el cielo tendremos memoria de lo vivido en la tierra… Pero lo pienso y puedo imaginarme a Jesús con mi mamá y un montón de gente amada recibiendo y celebrando la llegada de una pieza más de la novia de Jesús, una muy especial. Tal vez si desde allá nos pueden ver, mi mamá vio cuánto me amó Ma y al llegar la abrazó.

Para dos aquí un mismo dolor, ella como un regalo que tomó el nombre de mamá Yaya para mí,
sin ser reemplazo, sin buscar llenar huecos, sólo recibir el amor de Dios a través de ella… Hoy, vive lo que viví, y duele saber que le duele así. Quisiera ser fuerte, tan fuerte para levantarla, sé que he sido consolada para consolar, sé que mil y un abrazos puedo dar, pero el que levanta y afirma, consuela y da paz, es el Amado de nosotras cuatro…

Esas dos mujeres valientes que recibieron
el milagro más grande: Estar en los brazos del Amado.

Decir “adiós” jamás será sencillo... No, no es fácil entender, no es necesario entender, sabemos que Su voluntad siempre es buena, agradable y perfecta
aunque no entendamos.

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